Después de una madrugada lluviosa en Nuevo Laredo ¡respiramos!: cayeron hasta 3.5 pulgadas de agua y los abrevaderos, presas y tierras se recuperan parcialmente.
Gracias a esa humedad, ya es posible sembrar zacate para alimentar al ganado en los meses secos que se vienen.
Pero ojo: la lluvia no alcanzó a todos. Más allá del kilómetro 40 de la Carretera Nacional, algunas zonas quedaron fuera del alivio, y el arroyo El Salado ni siquiera recibió gota.
Y lo más inquietante: los pronósticos indican que podrían ser las últimas precipitaciones de septiembre.
La temporada se vuelve incierta, y los productores saben que esto no puede depender del azar. Necesitan respaldo, planeación y urgencia frente al clima extremo. ![]()
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