En la Plaza Hijas de Tampico hay una escena que no pasa desapercibida: un hombre pedalea con una caja adaptada en su bicicleta. Dentro va Pirata, su perro, su compañero, su familia.
Ernesto, de 60 años y originario del norte de Veracruz, perdió su empleo poco después de adoptar a Pirata. La falta de ingresos lo dejó sin un lugar estable para vivir. Desde hace cinco meses duermen en la calle, pero juntos.
Aclara que su situación no es culpa del perro. Al contrario: asegura que Pirata es su motor para seguir buscando trabajo. Hoy está dispuesto a desempeñar cualquier labor que le permita salir adelante y conseguir un espacio donde ambos puedan vivir dignamente, el contacto de Ernesto es: 833 429 6441
Cuenta que conseguir empleo a su edad se ha vuelto complicado y que la pensión no es suficiente. Una historia de lealtad, resistencia y esperanza que hoy necesita algo más que aplausos: necesita una oportunidad.

