Nadie imaginó que un perrito atropellado en la calle terminaría convirtiéndose en uno de los integrantes más queridos de Tránsito Tampico. Hoy lo conocen como K-14, o simplemente Rigoberto, el lomito que cambió el abandono por una segunda oportunidad.
Fue rescatado por elementos de la corporación tras un accidente. En lugar de ignorarlo, decidieron ayudarlo, cuidarlo y no soltarlo. Con el paso de las semanas, K-14 se recuperó… y también encontró algo más grande: un hogar.
Ahora camina entre patrullas, acompaña a los agentes en su rutina diaria y se ha convertido en un símbolo de empatía dentro de la dependencia. No es solo una mascota: es parte del equipo, un recordatorio vivo de que la vocación de servicio también se demuestra con actos pequeños que cambian vidas.
La historia de Rigo demuestra que incluso en medio del caos urbano, todavía hay espacio para la humanidad… y para un lomito que ya no duerme en la calle.

